martes, 7 de septiembre de 2010

Volando...

A veces pienso que es una sandez, a veces pienso que lo llevo en la sangre pero mis vacaciones no empiezan hasta que llego pelada de tiempo a un aeropuerto, doy botes de impaciencia de un pie a otro por la cola de seguridad, pongo caras por el idiota que no entiende que el móvil es objeto metálico, me compro revistas de cotilleos, doy una tarjeta de embarque: “have a nice flight”, bajo por el finger y me siento en mi sitio, siempre en la ventanilla.

El cosquilleo en el estómago cuando empezamos a rodar por la pista y la sensación a lo Wendy de Peter Pan de: “estoy volando”… y la sonrisa de tonta que se me planta en la cara.

Será que con eso de que mi madre me cruzó varias veces en su barriga varios océanos antes de que naciera se me ha quedado grabado? No lo sé. Sólo sé que adoro esa sensación. Igual que la de ver aviones despegar y aterrizar y contar los segundos entre un aterrizaje y otro… se tiene que llevar en la sangre.

Y me he ido a juntar con un escocés con miedo a volar. El hecho de que cuando él estaba en Colonia y yo en Berlín era yo siempre la que volaba y él prefería chuparse el viaje en tren ya fue indicativo.

Su hermana le preguntó un día: “pero, ¿qué es lo que te da miedo de volar?”. A lo que Jon le contestó: “tú que crees, desde el momento en que me meto en el avión hasta el momento que salgo…”.

Nada que los polos opuestos… J tendré que empezar a hacer como el equipo A con NA :-D


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