domingo, 6 de julio de 2008

Bucarest

Tengo a Elenita nerviosa a ver qué voy a decir de mi viaje a su país natal. La verdad es que es una pena, es un país con mucho potencial. Muchos lo comparan con España cuando entró en la UE, pero el dinero de la Unión Europea se va a quedar por el camino, de bolsillo en bolsillo... Y es que si decía yo en el post anterior que Italia es un país de pandereta y sonajero, Rumanía adquiere tintes surrealistas.
Me alegré de ver a Rodrigo como pez en el agua. Lo mejor, los movimientos de manos y cejas al hablar acompañados de un pff, eei o distintas interjecciones que, aunque para Dani y para mí inteligibles, tenía el resultado deseado: conseguir mesa, que te trajeran dos cervezas, pagar una entrada.

Mi llegada suave, tenía al frente rumano y alemán esperándome en el aeropuerto. Ya en el control de pasaportes me di cuenta que en Rumanía las colas son representativas, vamos que hay que hacerlas, pero no sirven para nada. Se me coló todo el mundo.

Parada técnica en casa de Rodri y salida para celebrar sus 26 primaveras. Segunda parada, cena en La Cocosatu (véase el restaurante del jorobado). Sí está ahí, es de verdad y batiría al de Notre Dame si quisiera entrar en el Guiness de los records. Disfrutamos de los micis que son bolitas de carne (no conseguí descifrar de qué tipo) con unas patatas magníficas (decían de las alemanas). Muy rico. Las conversaciones sobre política local se suceden entre Rodri y los españoles expatriados y arumanados: nombres, partidos y anécdotas... Luego terracita, cervecitas y a la cama que al siguiente día toca excursión.





El plan inicial un viaje por la Transfagarasan, el conductor, Óscar, antiguo becario de cámaras rumanizado hasta puntos increíbles... Desde que nos subimos en el coche el día empezó a prometer. Óscar tenía el mismo sueño que el resto y la idea de conducir hasta tan lejos no parecía que le pareciera halagüeña. Después de un par de pff, eii rumanos de Rodri seguimos con el plan inicial y nos aventuramos a las carreteras rumanas. (Pequeño inciso: nuestro chaufeur se acababa de sacar el carnet por esas tierras hacía unos meses, damos fé de su conducción rumana. No obstante nos llevó y nos trajo de una pieza, a pesar de las carreteras rumanas y de la lluvia y eso se agradece.)

La primera parada, una especie de costa valenciana en medio de Rumanía, Curtea de Arges, con un bonito monasterio. Según la leyenda plasmada en un poema tradicional, después de varios intentos fallidos de construirlo (las paredes se caían continuamente), el arquitecto Mesterul Manole rezó para poder acabar su obra. Sus plegarias recibieron respuesta en forma de una visión en la que Dios le instaba a a sacrificar a su mujer y emparedarla en el monasterio como único modo de acabarlo. En una de las paredes todavía puedes ver sus lágrimas...



No se nos informó de cuál era la siguiente parada para que no saltáramos del coche en marcha. Casi 1.500 escalones en medio del monte para subir al que fue el castillo original de Vlad Tepes (usease Drácula), las ruinas de Poienari. Una vez arriba, después de 20 minutos subiendo escaleras y sudando como pollos, descubrimos que del castillo quedan cuatro ladrillos (para mí, sólo el subirlos allí ya es una proeza). Las vistas eran magníficas, todo naturaleza, precioso. Este país debería explotar el turismo rural, porque tiene mucha naturaleza que ofrecer. Para el turismo cosmopolita... todavía deberían cambiar mcuhas cosas...
Y venga a subir escaleras


Luego a bajar


En la comida empezó a diluviar y el plan empezó a hacer aguas. Cambio de rumbo, nos vamos a un pueblo perdido de la mano de Dios donde asesinaron a Ceaucescu. Hasta ahí, parece tener atractivo histórico la cosa, si no fuera porque pasamos por delante de un muro y Óscar dijo "ahí le fusilaron". Joder, y para esto nos damos el paseo, mi mentalidad alemana se esperaba una casa museo, exposición, etc... Vimos el palacio, que tiene un pase y de vuelta a casita que estábamos todos para el arrastre.


El domingo vimos la gloriosa casa Poporului, conocida por ser el segundo mayor edificio del mundo tras el Pentágono. Hay que destacar que, todos los materiales, toda la decoración, e incluso los bichos que seguro que recorren el palacio; todos ellos son rumanos. En eso consiste la visita. Aquí hay una sala con mármol rumano. Aquí hay otra sala con seda rumana. Aquí hay otra sala... y así hasta el fin de los siglos. Lo me que dejó de cuadra fue el hecho de que, vale que la idea y las obras se comenzaron bajo las órdenes del loco de Ceaucescu, pero resulta que para cuando cayó, el palacio sólo tenía los cimientos y decidieron seguir adelante con esa locura arquitectónica. La mejor frase del guía "los rumanos cuando visitan el palacio se dan cuenta de que todo lo que han sufrido ha sido para construir esto". Pues nada, ahí queda eso... surrealista...


Como anécdota curiosa, el asunto de los cables. El que vaya a Rumanía y les cuente que no sólo puedes meter todos los cables en un tubo, sino que también los puedes meter bajo tierra, se va a hacer de oro...
Como colofón, la celebración de la Eurocopa en Bucarest y de vuelta a la civilización y cuadrícula germana, casi que se agradece.


Muchas gracias a nuestro anfitrión por un finde inolvidable.

4 comentarios:

Rodrigo Fabri dijo...

Darling, vaya imagen de Rumanía que das...con lo bonita que es.
Y es pura civilización. Todo el mundo se entiende!!!
Me quedo con el caos balcánico antes que con la cuadriculez germánica :P
Muchísimas gracias a ambos por venir
Besos

Unknown dijo...

Rompo una lanza en favor de Rumania...en EEUU los cables van igual que en Romania

Anónimo dijo...

Isa! me ha encantao! destino pendiente, ahora que ya se me olvidó su lengua!!

Unknown dijo...

Muy chulo el post, veo que en poco tiempo te empapaste bien del país y sus absurdos. También tenías buen guía.

¡Un placer conocerte!